Lisboa, ciudad de "saudades", de calor humano, de melancolías, … de romanticismo. Dicen que es una de las ciudades más románticas. No sé si será cierto, pero sí sé que hay un gran romanticismo en el aire,
… a quienes lo busquéis: disfrutadlo.
Navegando vamos, … no sólo en barca, y no sólo por el mar. Remando contra lo que nos frena, … las olas, las mareas, o incluso el simple avanzar. Y no sólo por el agua. Navegando seguimos, hacia el mar ….
… ¿qué buscas, marinero, cuando llegas al silencio del mar?
Aquellos fueron días de calma, en los que disfruté conociendo y hablando con gente de Lisboa. No sé cuántas veces pasé por la misma plaza, … pues me daba esa sensación de calma, y de me lancolía. Echo de menos Lisboa.
¿Y qué es la esperanza? Todos deseamos que las cosas mejoren para tantos, siendo a veces tan diferentes. ¿Puede ser, quiza, el deseo de llenar nuestras imperfeccioens con nuestras mejores cosas? En la esperanza está el encontrar esta Paz. Esta Paz concreta que nos pueda llevar a nuestra libertad.
No sólo la esperanza es lo último que se pierde, … nunca se debe perder.
Siempre hay una sensación de “estar perdido” cuando se llega a una ciudad nueva. Creo que es bonito, ya que permite descubrir cada calle y cada esquina. Pero es aún mejor cuando hay alguien que te puede indicar las direcciones correctas.
Fue cuando llegué a Sintra, que pronto perdí mi camino en el pueblo. Decidí seguir unas estrechas escaleras, que parecían llevarme en la dirección correcta, … sin final. Y en un pequeño espacio abierto apareció esta iglesia, desprendiendo silencio y paz de sus piedras, y su especial enclave. Miré alrededor, y noté que este silencio parecía cubrir todo este acogedor lugar.
Esto fue el comienzo de un día inolvidable, lleno de momentos especiales, … sólo comparables a una peregrinación.
Lisboa no es una ciudad ruidosa. Pero, podría dar esa impresión cuando uno entra en este sitio, estas ruinas del Convento do Carmo. De repente se crea el silencio. Lo único que se llega a oir es uno o dos pájaros volando alrededor. Todo lo demás desaparece. Y este silencio traspasa al interior al caminar por su nave.
Una de las cosas que más llamó mi atención en Lisboa, fue la sensación de atemporalidad. En todas partes, en cada esquina. Todo. Parece como si el tiempo no afectara a esta ciudad. Este tranvía no fue ninguna excepción. Estoy seguro de que hay un eco de esto en sus almas.
Este barrio vio el nacer del fado, ese estupendo género musical. Este barrio de Alfama vio el arte de gente humilde, y también les vio hacerse famosos. Lugar de humildad, y de simplicidad, y aún de arte y belleza. Si vas a Lisboa, no te lo pierdas.