Llega el atardecer, y el agradable paseo se convierte en esplendor de colores, como regalo final de un buen día. La calidez de colores, esa que no somos capaces de obviar, la de la puesta de sol, nos da esa misma calidez al alma. Una tranquilidad reflejada en el Ebro, y culminada por El Pilar de Zaragoza.
A veces me pregunto por qué nuestra sociedad parece tan perdida. Me pregunto por qué parece no haber ya sentido común. Me pregunto por qué la gente puede ser tan egocéntrica..
Y a veces, en mitad de esto, llega a ser un verdadero tesoro el conocer algún lugar, donde sentarse, disfrutar del aire, de los colores y, sobre todo, … disfrutar del silencio y su Paz..
¿Por qué el ruido dice tan poco, y el silencio tanto?
Se dice que no hay nada más pacífico que ver un niño durmiendo. Es incluso habitual, ver a la gente sonreir cuando están viendo su sueño. ¿Inocencia? ¿fragilidad? ¿simplicidad? Son los niños, quienes más viven el presente. Sin preocupaciones por el futuro. Sin cargas por el pasado. Simplemente el presente. Quizá es por esto por lo que duermen tan profundamente.
Cada año, alrededor de estas fechas, hay una oración por la Paz en este lugar donde esta foto está hecha: la basílica de San Francisco el Grande en Madrid. Esta oración por la Paz ha incluido e incluye a musulmanes, judíos, evangélicos, ortodoxos rumanos, ortodoxos griegos y católicos. El ambiente es tan especial y bonito, que todos aguardamos estas fechas con impaciencia para vernos todos ahí, unidos, en oración por la Paz.
Aquellos fueron días de calma, en los que disfruté conociendo y hablando con gente de Lisboa. No sé cuántas veces pasé por la misma plaza, … pues me daba esa sensación de calma, y de me lancolía. Echo de menos Lisboa.