Es fácil, que en una peregrinación haya tantas similitudes con la vida misma. Se va, paso a paso, caminando, coincidiendo con gente que entra en tu camino, gente que sale, gente que deja profundos recuerdos, vivencias de todo tipo, día tras día. Aparecen también ampollas y dificultades para andar, así como la lucha por seguir, por permanecer en el camino. Y la alegría y gratitud de seguir en él. Siempre hay algo que va tirando del peregrino, y que hace que se siga adelante, caminando hacia la meta, la plenitud. Igual en la vida misma.
Después de unos cuantos días caminando, el peregrino comienza a saber qué es necesario y qué no, que es simplemente peso extra, y qué debe venirse con él al lo largo del Camino. Y comienza a saber cómo caminar, como viajar: lo suficientemente ligero y lo suficientemente bien. Esto tiene un claro eco en otros aspectos del ser humano, como la mente, … y el alma.
Es sorprendente cómo hasta la arquitectura a lo largo de esta peregrinación coincide con los sentimientos de peregrinos, incluso desde hace tantos siglos, hasta nuestros días.
Uno siempre tiene sus limitaciones y flaquezas, así como virtudes y aciertos. Estos últimos nos permiten avanzar, caminando y en la vida. Pero no son los que marcan los límites. Lo que sí nos frena son las otras: nuestras propias limitaciones. Es aquí donde el apoyo de alguien más entra muy en juego, haciendo posible que las virtudes de uno puedan con las limitaciones de otro.
Así se consigue que, juntos, no sea uno más uno, … sino que es mucho más.
Puertas, … siempre dan una pista de lo que hay detrás. O, … de quién. Y más aún con la concha, símbolo del Camino. No es raro que a uno le paren, mochila a la espalda y con andar pesado, para una buena conversación, un vino o simplemente agua -todo va al alma cuando se necesita- No hace falta conocer al otro. Esa es la hospitalidad en el Camino.
No es por la relatividad del tiempo por lo que se empieza, sino de la distancia. No se mide en metros, o en km. Sino en minutos, horas, días. Las distancias desaparecen, dejando lugar a la medida del tiempo, … la medida de la vida.
Como cada mañana, cuando sale el sol, los girasoles se preparan para seguir su luz, su fuerza y la fuente de su vida, brillando y siguiendo su referencia.
¿Cuál es la tuya? ¿Cuál es la referencia que sigues?
Esta es la última parada. Es el lugar de finalización para los peregrinos. Es hacia donde todos van. Finalmente es aquí el último descanso, después de un largo viaje, día tras día. Las bicicletas (o pies) ya paran de dejar atrás horizontes. Y, como estas bicicletas, apoyadas en los muros de la catedral, los peregrinos dejan su paz y gratitud en el interior. Y es en el interior, donde sus almas tienen el último y merecido descanso de su viaje. De este viaje para el alma.
Siempre, los peregrinos han despertado toda clase de sentimientos en la gente. ¿Curiosidad? ¿recuerdos? ¿desconfianza, quizá? ¿respeto? ¿admiración? No es fácil entender por qué alguien caminaría estas grandes distancias, día tras día, durante el tiempo que sea necesario.
… cada peregrino lo sabe. Cada uno tiene sus motivos.
Hay gente que siempre estará en mi vida. Aún cuando pase tiempo, estarán en mi vida. Se trata de quienes me ayudan en momentos de bajeza. Han sufrido mis propios dolores. Es gente a quien ayudaría sin pensarlo dos veces. Esta gente, que deja esta estela, tanto en peregrinación como en vida son, compañeros de vida. Son parte de mi vida.
Una peregrinación siempre tiene un mensaje especial para nuestra alma. Distinto para cada uno. Siempre algo que no se olvidará. Tus pasos parecen entrar en un cuento, en un bonito cuento que sólo tú puedes descubrir. Es tuyo. Como tu propia vida.
Siempre hay una emoción especial al abrir las alas al viento.
Caminando en la vida, siempre hacia adelante, o a pie hacia la puesta de sol en peregrinación. A veces necesitamos mirar alrededor para darnos cuenta de ciertos regalos que se nos dan. Como un amanecer, mirando atrás. Como las bellas siluetas que pasamos con nuestro paso. Como esa bonita paz y silencio que nos anima a seguir adelante.
En mitad de la nada, … ahí es donde nos vemos nosotros mismos a veces en la vida. Y, ¿qué es la nada? ¿Realmente es la nada? De hecho, incluso “nada” significa mucho. ¿No sería un lugar sin interferencias, donde el alma se puede expandir con libertad?
Caminar en la vida, sentimientos compartidos, risas prolongadas, sonrisas llenas de ayuda, amor, amistad, amore en la amistad … Tantas cosas se pueden condensar en una vida! … y en unos pocos momentos. Y el sabor, no sólo de un buen café, sino de gente especial,
Caminaba con Piet, una gran persona (en tamaño y en alma). Los dos sudábamos, aguantando el calor, desando ver sombras que no existían. En un momento, miramos al frente y esta sonrisa nos sorprendió. Rompimos a reir de tal forma que todos nuestros males desaparecieron.
Los momentos bajos son siempre los mejores para una buena sornisa. Y una sonrisa así siempre nos da la esperanza necesaria para seguir adelante.
¿Por qué nos sorprende siempre la naturaleza? No una vez. No dos. Sino constantemente. Se dice que recibimos de la vida lo que nosotros le damos. Entonces, … ¿qué hacemos por la naturaleza si tanto nos gusta?
Tan sólo es una puerta verde. Pero siempre es un color bonito para ver en cualquier momento. Dejando el hogar, o volviendo a él. Hay tantas pequeñas cosas que podemos hacer para tener una vida más fácil y sencilla …
Un excelente símbolo de paz es siempre un sistema de defensa que perdió su sentido. Como estas murallas de Pamplona. Ahora como monumento, tan sólo verían a sus ciudadanos, y a peregrinos que pasan caminando con calma por ellas.
Cada paso puede probar a cualquiera, especialmente cuando hay dolor en cada movimiento. Y el dolor pone a prueba la paciencia. Y la constancia. Aparece una sutil pero gran fuerza de voluntad. Y pronto uno descubre que no es el dolor, pero estas virtudes humanas, que dan el coraje para continuar caminando.
El corazón supera las limitaciones físicas. Pero, … ¿qué llena el corazón?
A menudo se dice que cada uno sigue su propia dirección. Pero caminando, uno encuentra que otros son como tú mismo. Parecidos problemas, parecidas limitaciones, parecidas cosas que cargamos, parecidos deseos.
Era el comienzo. Y como en todos los comienzos, sentí una gran curiosidad, así como nervios, una emoción especial que no me podía tener quieto. ¡Incluso quería correr! Correr, e intentar recibir tanto como fuera posible en cada segundo. Como en todo comienzo, había una gran intensidad.
Miré atrás, a mi lugar de comienzo,
… y la naturaleza sonrió.
Ha sido un mes caminando, día tras día. Fueron unos 750 – 800 km, paso tras paso. Gente estupenda sin fin han compartido el Camino conmigo (es un gran honor para mi). Incluso algún problema físico que pudo hacer que abandonara. Con tantos pensamientos,
… y, después de todo esto, un día, ve uno que sólo quedan unos metros por delante. Para terminar, para dar gracias. ¡¡¡Sólo unos metros!!! Hay una emoción especial que llega, y que no se puede describir,