La entrada a una casa suele ser el primer reflejo del ambiente que hay dentro. Se trata al fin y al cabo de cuidar esa primera impresión, de la que tanto nos acordamos en nuestras experiencias, y por supuesto, de cuando entramos en un hogar. Una puerta que refleje calidez, de esa que llega dentro, al alma, suele ser reflejo de una buena hospitalidad.
Aquí dentro, he estado pocas veces. Aún. Aquí dentro, pese al ruido de visitantes y devotos, hay a la vez un silencio cuyo sonido es más fuerte que cualquiera de esos ruidos. Como en el Pilar, de Zaragoza, así nosotros también, en nuestro interior. ¿Qué buscas? ¿El silencio, o el ruido?