Esta es la última parada. Es el lugar de finalización para los peregrinos. Es hacia donde todos van. Finalmente es aquí el último descanso, después de un largo viaje, día tras día. Las bicicletas (o pies) ya paran de dejar atrás horizontes. Y, como estas bicicletas, apoyadas en los muros de la catedral, los peregrinos dejan su paz y gratitud en el interior. Y es en el interior, donde sus almas tienen el último y merecido descanso de su viaje. De este viaje para el alma.
Siempre, los peregrinos han despertado toda clase de sentimientos en la gente. ¿Curiosidad? ¿recuerdos? ¿desconfianza, quizá? ¿respeto? ¿admiración? No es fácil entender por qué alguien caminaría estas grandes distancias, día tras día, durante el tiempo que sea necesario.
… cada peregrino lo sabe. Cada uno tiene sus motivos.
Pocas cosas hacen falta, para el Camino de Santiago. Pocas, como realmente pocas son las que necesitamos para ser felices en la vida. Una mochila, con lo que creemos que necesitamos en nuestro día a día, y un bordón, que nos ayude a caminar en momentos difíciles.
Los paralelismos con nuestra vida son inagotables en este Camino de Luz.