La entrada a una casa suele ser el primer reflejo del ambiente que hay dentro. Se trata al fin y al cabo de cuidar esa primera impresión, de la que tanto nos acordamos en nuestras experiencias, y por supuesto, de cuando entramos en un hogar. Una puerta que refleje calidez, de esa que llega dentro, al alma, suele ser reflejo de una buena hospitalidad.
Turistas, viajeros, gente ocasional, gentes del lugar, y gentes de tantas otras partes, … esta plaza es en todo momento un conglomerado lleno de vida, reflejo y símbolo de la ciudad que es Madrid. Basta pasear y observar en esta plaza, para obtener un atisbo del alma de la ciudad.
Al fin y al cabo, eso es lo más bonito de viajar a cualquier sitio: aprender y ver lo que es único y distinto. Especialmente aprender, y llevárnoslo dentro, en nuestra propia alma.
En estos días de calor, es muy normal pensar en sed, en remojar nuestra reseca boca, sentir ese agua fresca que es símbolo de vida ….
… pero, si somos cuerpo, mente y alma, … ¿no tendríamos que dar de beber a las tres?.
Quiero añadir que hoy ha fallecido Vicente Ferrer. Ha sido precisamente un hombre que ha dado mucha más "agua" a su alma, que a mente o cuerpo. Y por ello se le conocerá. Por los frutos de su alma.
No sólo hay quienes tienen una desbordante imaginación, sino que además saben plasmarla en la realidad misma, como hizo Gaudí. Imaginación y realidad, … ¿acaso no tienen que ver con los sueños profundos del alma, y el podrerlos alcanzar?
No es la música como tal, lo que nos hace comprender un sentimiento compartido. No es el sonido en sí mismo. Como muchas veces, debemos buscar en la fuente, … en el músico, en el compositor. Son ellos quienes recrean un atisbo de sus mundos en nuestras mentes.