Muchas veces, más de las que nos damos cuenta, seguimos a la propia naturaleza. Como en el subir, el buscar el más arriba. También hay más simetrías aquí de las que aparentan: las dos son por la Vida.
¿Quién no quisiera poder continuar en otra vida, después de esta? Ya se ha dicho de ello, que para ser el primero ahí, hay que ser antes el último aquí, en esta vida, y servir a los demás con la mayor humildad y sencillez.
Benditas las dos, la humildad y la sencillez, que llegan a todas partes.
“Alégrense los que construyen la Verdad, los que soñaron un mundo al revés …” (Luis Guitarra)
Llega el atardecer, y el agradable paseo se convierte en esplendor de colores, como regalo final de un buen día. La calidez de colores, esa que no somos capaces de obviar, la de la puesta de sol, nos da esa misma calidez al alma. Una tranquilidad reflejada en el Ebro, y culminada por El Pilar de Zaragoza.
Aquí dentro, he estado pocas veces. Aún. Aquí dentro, pese al ruido de visitantes y devotos, hay a la vez un silencio cuyo sonido es más fuerte que cualquiera de esos ruidos. Como en el Pilar, de Zaragoza, así nosotros también, en nuestro interior. ¿Qué buscas? ¿El silencio, o el ruido?
Vas caminando, y dejas una calle detrás, … y otra. Y sientes una fresca brisa en tu cara. Oyes risas cerca de ti, y ves mucha más gente también caminando por las calles, disfrutando del día, y de la compañía que llevan. Ciudades …, se dice que son fuente de bullicio, y de prisas y ruido. Pero hay mucho más..
¿Mentes abiertas? ¿Amistad? Quizá "solamente", … el disfrutar de la consciencia de que estamos vivos.