19 de noviembre de 2006
A veces se dice que en Madrid hay mucha gente con prisas. Como en otras ciudades grandes. No es tan frecuente que la gente pare para mirar alrededor, para darse cuenta de algunos bonitos detalles que están cerca de nosotros. Como este ángel. Espero que tú, que lees esto, tengas siempre tiempo para ser consciente de quienes y qué tienes cerca. Este ángel, en Madrid, está aquí.
Símbolo de hospitalidad, símbolo también de amistad y de buenos momentos. Pocas bebidas, incluyendo las comerciales, disfrutan de tan buena reputación y emociones como ésta, quizá tan sólo igualada por el café.
Agua. Eso es lo que necesitamos básicamente cuando tenemos sed. Y es realmente una necesidad. Al menos para el cuerpo, que es el soporte físico para nuestras almas. Tan fácil de identificar: sed y agua. ¿Y para nuestras almas?
Dos cucharas juntas. Tan sólo cucharas. Pero juntas. Y en esos reflejos parecen fundidas en una. ¿No es parecido a algunas parejas casadas? No que estén unidas por cogerse la mano. Es algo que se percibe. Y más, concretamente, en los recién casados.